Por EFE.-
Córdoba, España (22 de enero 2026).- La localidad cordobesa de Adamuz, en el sur de España, vivía
acostumbrada al vaivén diario de trenes de ida y vuelta entre Andalucía y
Madrid, a través de las imponentes vías de alta velocidad que dividen sus
campos de olivos y ganado. Hoy, sin embargo, es la dura imagen de la tragedia
que ha costado más de 40 muertos.
La
catástrofe, que ha conmocionado a España, ocurrió el pasado domingo, cuando un
tren de alta velocidad de la compañía Iryo, que había salido de Málaga (sur)
con destino a Madrid, descarriló sus tres últimos vagones e invadió la vía
contigua, por la que en ese momento circulaba otro convoy de Renfe, la compañía
estatal española, con destino a Huelva (sur). Este último también descarriló y
dos de sus vagones salieron despedidos y cayeron por un terraplén.
La
visita de los reyes de España a la ‘zona cero’ el martes ha permitido a los
medios de comunicación acceder por primera vez a una zona acotada del lugar de
los hechos durante algo más de una hora, el tiempo necesario para percibir la
dureza de lo ocurrido, entre el silencio que ahora hay sin trenes y el ruido de
los flashes y de las máquinas que trabajan en el lugar.
A
poco más de dos metros de los objetivos de las cámaras se encuentra el tren de
Iryo descarrilado. El andén está frente a los vagones que se salieron de la vía
y colisionaron con el otro convoy.
Ese
otro tren, el que se llevó la peor parte, se observa a lo lejos, a casi un
kilómetro de distancia, con varios vagones convertidos en un amasijo de hierros
tras caer por una pendiente de unos cuatro metros.
Las imágenes de la
tragedia
La
dura fotografía posterior al siniestro es la de las ventanas rotas, que
sirvieron como vía de evacuación; un asiento destrozado en la vía; una maleta
rosa que salió despedida; o un libro de historia del arte sobre las piedras,
mezclados con guantes, vendas y compresas utilizadas por los sanitarios durante
la evacuación.
Es
necesario estar frente a los trenes para percibir en su totalidad la magnitud
de la tragedia. Lo saben los vecinos que llegaron la misma noche al lugar, los
servicios de emergencia que siguen trabajando allí y ahora los periodistas,
pese a que ya llevaban dos días informando de lo ocurrido.
El
vagón 6 del Iryo está fuera de la vía, el 7 destrozado por dentro y casi
volcado, y el 8 completamente volcado. La catenaria está destrozada y el tren
se llevó por delante uno de los postes laterales.
En
el lugar trabajan efectivos de la Guardia Civil, la Unidad Militar de
Emergencias (UME), los cuerpos de bomberos, la Policía Local, Protección Civil
y técnicos del gestor de infraestructuras de España (Adif) y de Iryo, entre
otros, quienes han preparado el terreno para que accedan las grandes grúas.
Esa
es la única esperanza que queda: que esta maquinaria pesada, que consiguió
llegar al lugar este martes, pueda levantar los vagones del tren de Renfe,
aplastados en una zona de difícil acceso, para localizar, si los hay, a los
fallecidos que puedan quedar y poner fin al sufrimiento de sus familiares.
En
el lugar, el puesto de mando está junto al Edificio Técnico del AVE (Alta
Velocidad Española), donde un reloj sigue marcando la hora, aunque el tiempo se
paró a las 19:45 del domingo (18:45 GMT).





